Deporte

Cataluña 2-1 Palestina en un amistoso de solidaridad

Barcelona vivió una noche que trascendió al marcador con el Catalonia vs Palestine Friendly Match, un encuentro amistoso que reunió a miles de aficionados en el Estadi Olímpic Lluís Companys para apoyar al pueblo palestino. No fue solo fútbol, fue una declaración colectiva de empatía en medio de un contexto de dolor.

El ambiente en Montjuic se sintió especial desde los prolegómenos y con una asistencia cercana a los 30.000 espectadores, comparable a la que tuvo horas después el España contra Turkiye en Sevilla. La atmósfera combinó fervor deportivo y un mensaje de solidaridad que se repitió en pancartas, cánticos y en los gestos de los protagonistas.

La iniciativa se enmarcó en una ola de apoyo que ya había resonado en Bilbao, donde el sábado más de 50.000 personas acudieron a San Mamés para ver a la selección de Palestina frente a la del País Vasco. Aquella estampa, de emoción contenida y compromiso visible, tuvo continuidad en Barcelona con una narrativa similar y con símbolos muy potentes sobre el césped.

Un amistoso con sentido y memoria

Antes del pitido inicial, la selección de Palestina entregó a Cataluña una keffiyeh tradicional como gesto de agradecimiento y reconocimiento. El estadio guardó un silencio solemne para escuchar El Cant dels Ocells, un lamento convertido en símbolo de libertad y resistencia, interpretado en memoria de quienes han sufrido y perdido la vida.

El peso emotivo del acto fue acompañado por la presencia de figuras públicas entre las gradas, y, según TV3, allí estuvo la activista sueca Greta Thunberg. Su asistencia reforzó la dimensión cívica del encuentro, que nació con un propósito claro de visibilización y apoyo a las víctimas en la Franja de Gaza.

El objetivo no solo fue recaudar atención, también comunicar que el deporte puede portar mensajes que atraviesan fronteras. En ese contexto, el amistoso se percibió como un altavoz que conecta al fútbol con la sociedad, una plataforma para decir presente cuando la tragedia ocupa el centro de la escena.

Un arranque que marcó el guion

En el juego, Cataluña golpeó temprano y encontró premio a los cinco minutos con el tanto de Ilie Sánchez. El centrocampista apareció al segundo palo y transformó en gol un balón servido con precisión tras una acción a balón parado de Sergi Gómez.

El 2-0 llegó en el minuto 26 en una jugada por la banda, con Joel Roca desbordando y enviando un centro envenenado que terminó en gol en propia puerta de Ammed Mahajna. Era la confirmación del dominio inicial de Cataluña, que supo interpretar los espacios y empujar con ritmo en campo contrario.

La respuesta de Palestina fue tan inmediata como simbólica y Zeidan empujó a la red un balón suelto casi sobre la línea para el 2-1. El tanto visitante se celebró con una intensidad particular, una mezcla de alivio, orgullo y reivindicación que pareció recorrer las cuatro tribunas del estadio.

La ovación a Palestina y el mensaje final

La segunda parte transcurrió sin goles, pero no sin momentos que quedarán en la memoria. Tras el pitido final, la selección palestina dio una vuelta de honor para agradecer a la afición, un gesto que se encontró con una ovación extendida y cánticos que bajaron desde Montjuic hasta el césped.

Fue una postal que cerró la noche con un hilo conductor claro y una sensación compartida de comunidad. El fútbol, una vez más, funcionó como un lenguaje común, capaz de tender puentes en circunstancias de máxima dureza.

La voz de Yaser Hamed y el peso de representar a un pueblo

Yaser Hamed, futbolista internacional palestino criado en Bilbao, puso palabras al sentimiento de un vestuario que juega con más que un escudo. En declaraciones a Onda Cero, subrayó el orgullo y la responsabilidad de un equipo que se sabe observado por millones.

He estado representando a la selección nacional de Palestina durante siete años y lo hago con un orgullo inmenso. La solidaridad mostrada en el País Vasco y Cataluña ha sido increíble. Hemos vivido un momento histórico. Al final, creo que los sueños sí se cumplen.

El defensa compartió el dolor de estos años y la pérdida de familiares, un testimonio que humaniza a quienes saltan al campo y que recuerda que el balón nunca está del todo aislado de la realidad. Hamed insistió en la misión de usar el foco del fútbol para dar voz a quienes no la tienen.

Estas han sido años muy trágicos, he perdido familiares. Espero que después de estos partidos hayamos enviado un mensaje potente al mundo y que todo termine de una vez. Lo mínimo que merece la gente es vivir en paz y tranquilidad.

Algunos jugadores tienen familias en Gaza y otras ciudades. Tenemos la responsabilidad de defender a Palestina de la mejor manera posible y usar el fútbol, porque se ve en todo el mundo, para representar a esos millones de palestinos que les gustaría poder hablar pero no pueden.

Pep Guardiola y el eco que trasciende la grada

El impulso de estos amistosos no llegó solo desde el césped y el entrenador del Manchester City, Pep Guardiola, se posicionó con claridad en la emisora catalana RAC1. Su voz, de alcance global, reforzó el sentido del encuentro entre Cataluña y Palestina.

Es un partido más que simbólico. Hoy en día todo se sabe y con este enfrentamiento los palestinos verán que hay una parte del mundo que piensa en ellos.

Guardiola elevó el tono con una crítica dura hacia la inacción internacional. Su reflexión dejó una sentencia que resonó en los titulares y que conectó con la movilización de las últimas semanas.

El mundo ha abandonado a Palestina. No hemos hecho absolutamente nada. No tienen la culpa de haber nacido allí. Hemos permitido que destruyan a todo un pueblo.

No puedo imaginar a nadie que pueda defender las masacres en Gaza. Nuestros hijos podrían estar allí y ser asesinados simplemente por nacer. Tengo muy poca fe en los líderes. Harán cualquier cosa para mantenerse en el poder.

El técnico catalán ya había apoyado la iniciativa y se informó de más de 27.000 entradas vendidas con antelación para el partido en Montjuic. La cifra terminó por cristalizar en una asistencia que dio marco a una noche cargada de simbolismo deportivo y social.

Claves del partido y del contexto

  • Gol tempranero de Ilie Sánchez tras servicio de Sergi Gómez,
  • 2-0 con una acción por banda de Joel Roca que derivó en autogol de Ammed Mahajna,
  • reacción inmediata de Palestina con el tanto de Zeidan,
  • acto de memoria con El Cant dels Ocells y vuelta de honor de la selección palestina.

El hilo entre San Mamés y Montjuic

El amistoso en Barcelona fue el segundo capítulo de una semana de alto voltaje emocional. El primero se escribió en Bilbao, donde más de 50.000 personas poblaron San Mamés para abrazar a Palestina frente a la selección del País Vasco.

Ese eco viajó por la península y desembocó en el Estadi Olímpic Lluís Companys, reforzando la idea de una solidaridad que no entiende de fronteras regionales. La conexión entre ambos estadios dibujó un mapa de apoyo que excede lo deportivo y asienta un relato compartido.

Más allá del 2-1 una lectura que interpela

El 2-1 a favor de Cataluña quedará en la estadística, pero lo más relevante ocurrió alrededor del balón. El intercambio de símbolos, el respeto y la comunión con la grada convirtieron el amistoso en un mensaje en sí mismo, potente y legible para cualquier aficionado.

En tiempos convulsos, el fútbol vuelve a mostrarse como un lenguaje internacional capaz de llevar consuelo y de exigir atención. La noche de Montjuic confirmó que no hay neutralidad cuando la humanidad está en juego y que cada gesto, por pequeño que parezca, suma en la conciencia colectiva.

La combinación de competitividad y sensibilidad social dejó una enseñanza de calado. Un partido puede ser un puente y las voces que lo acompañan, desde Yaser Hamed hasta Guardiola, fortalecen ese cruce para que el mensaje viaje más lejos.

Lo que queda para el recuerdo

Quedarán las imágenes de la keffiyeh entregada a la selección catalana, el canto doliente de El Cant dels Ocells y la vuelta de honor de Palestina. Quedará también el rugido agradecido de una afición que entendió el contexto y lo abrazó sin reservas.

Quedará, sobre todo, la certeza de que el deporte puede iluminar zonas oscuras y dar espacio a quienes necesitan ser escuchados. En Montjuic, el balón fue el micrófono y la grada, su altavoz.

La semana que unió San Mamés y el Estadi Olímpic Lluís Companys demostró que la solidaridad también se juega y se celebra. Y que cuando se hace con respeto, memoria y emoción, el resultado trasciende cualquier hoja de estadísticas.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *