Análisis de los grandes clubes europeos 2025 entre crisis y reconstrucción
En el centro del huracán mediático aparece el término Analysis of Major European Clubs 2025, una etiqueta fría para algo profundamente humano, casi dramático en algunos casos, que atraviesa a Liverpool, Barcelona, Juventus y otros gigantes que hoy se miran al espejo y no se reconocen. Más allá de los titulares de “crisis” y de las tertulias encendidas, los datos dibujan un mapa mucho más preciso de lo que realmente está fallando y de lo que puede arreglarse.
Este viaje por Anfield, Montjuïc, Turín, Bilbao, Bérgamo, Nottingham, Maguncia y Florencia no es solo un repaso de números, sino una radiografía de proyectos que se tambalean. En algunos casos, la explicación es estructural, en otros se trata de rachas, lesiones o simple regresión a la media, ese enemigo silencioso de todo equipo que parece rendir por encima de lo esperable.
Liverpool en el filo entre la nostalgia y la reconstrucción
Si hay un club donde cada mala racha se amplifica hasta la histeria, es Liverpool. El vigente campeón de la Premier League ha pasado de dominar a perder cinco de sus últimos seis partidos ligueros y caer al octavo puesto, con apenas 1,64 puntos por partido frente a los 2,21 del curso anterior. En Anfield se habla de fin de ciclo, de vestuario tocado por la muerte de Diogo Jota en verano y de un Arne Slot que parece ir por detrás de la evolución táctica de la liga.
Las críticas se posan inevitablemente sobre Mohamed Salah, que por primera vez empieza a “parecer su edad” a ojos de muchos. Cuatro goles (tres sin contar el penalti) y dos asistencias en 11 jornadas contrastan con los ocho tantos y seis pases de gol que llevaba a estas alturas el curso pasado. A eso se suma el pobre arranque de los fichajes millonarios Florian Wirtz y Alexander Isak, señalados más por lo que prometen que por lo que han entregado. Pero bajo el ruido, los números apuntan a un culpable claro la defensa.
Ofensivamente, Liverpool ha bajado un escalón, pero sigue siendo competitivo. Ha pasado de ser primero en goles y en xG creados a ocupar el sexto lugar en ambas métricas. No es ideal, pero tampoco una catástrofe. Lo que sí es dramático es el desplome atrás. El equipo es noveno en xG concedido (13,9) y duodécimo en goles recibidos (17). En siete de 11 partidos ligueros le han marcado al menos dos goles, una losa demasiado pesada incluso para una delantera de élite.
Curiosamente, el volumen y la agresividad de la presión se mantienen en parámetros similares a los del año pasado. Liverpool es sexto en pases permitidos por acción defensiva, segundo en la combinación de pases y conducciones progresivas concedidas y tercero en robos altos, números muy cercanos a los de la última campaña. El problema no está en la primera presión, sino en lo que ocurre cuando esta se rompe, especialmente en dos frentes las transiciones y las jugadas a balón parado.
Los datos son demoledores. La temporada pasada el equipo fue cuarto en xG concedido en contraataques; ahora cae al puesto 17, permitiendo un 87% más por partido. Además, ha pasado de ser octavo en goles encajados a balón parado (nueve tantos en toda la liga) a acumular ya siete en 11 jornadas, con tres de ellos procedentes de saques de banda largos. Lo que antes era un detalle menor, ahora es un agujero estructural.
A esto se suma un factor tan silencioso como decisivo la bajada de rendimiento en la portería. De registrar +0,10 goles evitados por partido entre Alisson y Caoimhín Kelleher, Liverpool ha pasado a -0,26 con Alisson y Giorgi Mamardashvili. Traducido a lenguaje de vestuario, los porteros ya no están “robando puntos” como antes. Cuando el equipo encaja uno o menos goles, el balance es perfecto cuatro victorias en cuatro partidos. El problema es que solo han logrado mantener ese listón en cuatro ocasiones.
¿Y la parte positiva para Arne Slot? Que el ataque parece más víctima de la mala fortuna que de un colapso definitivo. Florian Wirtz suma 1,3 xG y 1,2 xA sin haber convertido en gol o asistencia, mientras Alexander Isak acumula 0,9 xG en solo 253 minutos ligueros sin estrenar su casillero. Ese tipo de sequía, con ese volumen de ocasiones, rara vez se prolonga de forma indefinida, pero la estructura defensiva sí exige ajustes profundos.
Barcelona entre la exigencia de Madrid y la tiranía de las lesiones
En Barcelona la palabra “crisis” se pronuncia con menos rabia que en Liverpool, pero el runrún es constante. Lo paradójico es que, en términos puramente numéricos, el equipo de Hansi Flick está cumpliendo. Suma 2,33 puntos por partido en LaLiga, prácticamente lo mismo que la temporada pasada cuando se proclamó campeón con 84 puntos. El problema no es tanto lo que hace el Barça, sino lo que hace el eterno rival Real Madrid va camino de los 98 puntos.
La sensación de que todo se ha vuelto un poco más frágil nace, sobre todo, de la continuidad rota. Tres de los grandes pilares ofensivos culés han visto muy mermada su presencia. Lamine Yamal, segundo en la votación del Balón de Oro anterior, ha pasado de disputar el 83,7% de los minutos ligueros a un 58,6%. Raphinha, quinto en aquella lista, de 83,2% a 35,6%. Robert Lewandowski, 17º en la votación, de 78,4% a 41,6%. Entre los tres firmaron 89 goles y 44 asistencias en todas las competiciones el curso pasado; a estas alturas de 2025-26, apenas suman 16 y siete.
Que el Barça siga compitiendo por arriba pese a ese desplome de disponibilidad dice mucho de los secundarios que han dado un paso adelante. Fermín López (seis goles y cuatro asistencias), Ferran Torres (siete tantos y una asistencia) y el cedido Marcus Rashford (seis goles y siete asistencias) han sostenido un ataque que ha pasado de ser “de otro planeta” a “simplemente muy bueno”. Aun así, la realidad es tozuda sin sus estrellas al 100%, la maquinaria ofensiva no alcanza la misma excelencia continuada.
Este problema de continuidad no se limita a la delantera. En el centro del campo, Pedri y Gavi han vuelto a convivir con las lesiones, y mientras la temporada pasada siete jugadores superaron el 70% de los minutos ligueros, este curso solo cinco han llegado a esa marca. Flick ha tenido que reconstruir su once casi cada semana, con todo lo que eso implica para los automatismos, la presión coordinada y el juego de posición.
Si en LaLiga el equipo logra sobrevivir a este torbellino de bajas, en la Champions la factura se está pagando más cara. Ahí, donde los detalles se magnifican, el Barça ha sufrido una derrota ante el Paris Saint-Germain y un 3-3 frenético en casa del Club Brugge. Sus números defensivos en Europa delatan un talón de Aquiles evidente es 30º de 36 en xG permitido por tiro, 22º en xG concedido en contraataques y 18º en goles encajados. La famosa línea defensiva alta de Flick, que en el campeonato doméstico sigue siendo difícil de descifrar para muchos rivales, ha sido castigada con dureza por ataques más clínicos.
La gran ironía del momento blaugrana es que, en cierto modo, resulta alentador. A pesar del caos de lesiones, el equipo reproduce muchos patrones del curso anterior y se mantiene en la pelea. Pero hay un factor incontrolable para cualquier entrenador tener o no a los mejores sanos y en forma. Sin ello, sostener el pulso con un Real Madrid lanzado se convierte en un ejercicio de heroicidad continua.
Juventus y Atalanta cuando el problema no es llegar sino cómo llegas
Juventus atrapado en el laberinto de la calidad del tiro
En Turín, la historia tiene un tono distinto, menos apocalíptico pero igual de inquietante. Juventus marcha sexto en Serie A, con 1,73 puntos por partido, un ligero descenso respecto al 1,84 de la temporada pasada. El cambio en el banquillo con la salida de Igor Tudor y la llegada de Luciano Spalletti parece más consecuencia que causa de una dinámica donde los detalles ofensivos marcan la diferencia.
La etapa final de Tudor fue cruel. En sus últimos cuatro partidos, ante rivales muy serios como AC Milan, Como, Real Madrid y Lazio, la Juve concedió solo cuatro goles, pero no vio puerta ni una vez pese a generar 4,4 xG. Lo que, en términos de justicia futbolística, podrían haber sido cuatro o cinco puntos, se convirtió en un único empate sin goles ante el Milan. El discurso del entrenador cesado se alimenta siempre de estos pequeños márgenes ocasiones que no entran, días en los que la pelota se niega a cruzar la línea.
Ya sin Tudor, en los primeros cuatro partidos con Massimo Brambilla de forma interina y luego con Spalletti, el calendario y los “dioses del xG” dieron un respiro. Ante Udinese, Cremonese, Sporting CP y Torino, Juventus marcó seis goles, sumó dos victorias y dos empates y enlazó sensaciones mejores. Aun así, los datos reflejan que incluso en esa mini reacción el equipo siguió desaprovechando ocasiones seis tantos anotados desde 7,9 xG.
El problema de fondo es claro en la tabla Serie A coloca a Juventus apenas en el puesto 16 en xG por disparo, con 0,12. La delantera, que sobre el papel debería ser uno de los grandes activos del club, está muy lejos de su potencial. Dusan Vlahovic, Jonathan David y Loïs Openda, tres atacantes de primer nivel salarial, promedian juntos apenas 3,5 tiros por 90 minutos y 0,11 xG por disparo. Si la zona más cara del campo genera tan poco, no hay sistema que aguante.
Los creativos que deberían alimentarles, principalmente Kenan Yildiz y Andrea Cambiaso, tampoco han encontrado la forma de conectar de manera constante con ellos. Entre los tres delanteros suman solo cuatro goles para 5,7 xG, síntoma de que ni la cantidad ni la calidad ni la definición están donde deberían. El consuelo para la hinchada bianconera es que la clasificación aún muestra un horizonte abierto están solo a tres puntos de la zona de Champions, y los primeros brotes verdes con Spalletti invitan a cierto optimismo moderado, siempre que la calidad de las ocasiones dé un salto.
Atalanta la caída de un modelo ofensivo ejemplar
Si Juventus lidia con un problema de precisión, Atalanta afronta algo más profundo. El adiós de Gian Piero Gasperini rumbo a la Roma dejaba un vacío enorme. Sus equipos en Bérgamo llevaban años desafiando la lógica económica de la Serie A con un ataque exuberante y reconocible. Ivan Juric heredó un listón altísimo y, aunque el conjunto solo perdió tres de sus primeros 15 partidos oficiales, ocho empates y una peligrosa falta de gol terminaron costándole el cargo.
Sobre el papel, la herencia no era tan mala. Atalanta se ha mantenido quinta en disparos por posesión, idéntico rango al último curso con Gasperini. La gran diferencia está en dónde y cómo se chuta. El equipo ha pasado de tercero a duodécimo en xG por disparo. Es decir, el volumen se ha mantenido, pero las ocasiones claras han desaparecido casi por completo, como si se hubiera desconectado la electricidad en la frontal del área.
La racha reciente lo resume todo en los últimos ocho encuentros en todas las competiciones, Atalanta solo ha marcado cuatro goles desde tiros que sumaban 11,2 xG. Si se excluyen los dos tantos de Lazar Samardzic, el resto de la plantilla ha firmado apenas dos goles con 10,6 xG. Estamos ante un caso extremo de ineficacia, tan insostenible en el tiempo como dañino para la moral del vestuario. Cuando dominas, generas y no marcas, es fácil que aparezcan las dudas en cada decisión de pase o disparo.
Raffaele Palladino, recién llegado desde Fiorentina, tiene ante sí un escenario curioso. Todo apunta a que disfrutará de un “efecto rebote” natural en cuanto la puntería se normalice. Pero más allá de la regresión estadística, el desafío es recuperar la esencia de un equipo que vivía de producir ocasiones de altísimo valor, no solo de acumular intentos. La distancia de nueve puntos respecto a la zona Champions pone el margen de error en mínimos.
Athletic Club y Mainz cuando la fortuna deja de sonreír
Athletic Club del muro perfecto al peaje de la media
En Bilbao siempre se ha creído en el orden defensivo como punto de partida. La idiosincrasia del Athletic Club pasa por competir desde atrás, encajar poco y buscar el golpe al contraataque. En la última década, rara vez el equipo ha recibido más de 50 goles en liga, y en cuatro de las últimas seis temporadas se ha quedado por debajo de los 40 tantos en contra. Lo de la 2024-25, sin embargo, fue incluso para sus estándares, excepcional.
Aquella campaña terminaron cuartos, clasificados a la Champions por primera vez en 11 años, tras encajar solo 29 goles en 38 partidos, 0,76 por jornada, el mejor registro de LaLiga. Pero esos 29 tantos llegaron desde un xG encajado de 1,01 por partido. Traducido simple el equipo rindió muy por encima de lo esperable según la calidad de las oportunidades rivales, apoyado en un Unai Simón descomunal. Este año, el péndulo ha oscilado hacia el otro lado se defiende incluso mejor, pero se encaja más.
Los leones permiten ahora apenas 0,85 xG por encuentro, el mejor dato del campeonato, pero esos números se transforman en 1,1 goles recibidos por partido, quinto peor registro. No se trata de un derrumbe colectivo, sino de una corrección estadística brutal. Lo que antes se salvaba con manos milagrosas o remates desviados por poco, ahora termina dentro. Y cuando tu modelo se basa en hacer de cada gol encajado un evento raro, cada variación en ese porcentaje te sacude la tabla.
Para agravar el panorama, el ataque está plagado de problemas físicos. Los tres grandes referentes ofensivos del equipo, Iñaki Williams, Nico Williams y Oihan Sancet, han visto reducido su peso en el césped Iñaki solo suma el 62,7% de los minutos ligueros, Nico el 49,7% y Sancet apenas el 39,5%. El resultado es demoledor solo cuatro goles de jugada en 12 jornadas ligueras. Desde la grada de San Mamés se percibe no solo menos eficacia, sino menos amenaza constante.
El regreso a la Champions, lejos de ser una fiesta permanente, ha sido una dura lección. Athletic venció a Qarabag, pero perdió los otros tres partidos por un global de 8-1. El salto de nivel competitivo ha coincidido con esta regresión a la media y con la plaga de lesiones, generando una tormenta perfecta. Aun así, la lectura fría de los números sugiere que, si el equipo sigue defendiendo a este nivel, su posición en LaLiga debería estabilizarse con el tiempo, aunque otro billete europeo parece hoy más un sueño que una expectativa realista.
Mainz cuando el ataque ya no puede esconder al resto
En Alemania, el caso de Mainz guarda cierto paralelismo con Athletic y con el Nottingham Forest del curso pasado. Bajo la energía contagiosa de Bo Henriksen, el equipo se asomó al milagro Champions en la Bundesliga 2024-25, apoyado en una defensa que rendía por encima de lo previsto y un ataque suficiente para sostener el sueño. Pero esa versión parecía caminar sobre hielo fino, y esta campaña el hielo se ha resquebrajado.
El año pasado Mainz fue décimo en xG permitido, con 1,46 por partido, pero tercero en goles encajados, con solo 1,26. Esa diferencia era un aviso de que la fortuna estaba del lado de los alemanes. En 2025-26, la defensa ha empeorado ligeramente hasta 1,59 xG concedidos, pero la suerte se ha evaporado hasta dejarles en 1,80 goles en contra por encuentro. El problema, sin embargo, no está solo atrás, sino al otro lado del campo el equipo casi no tira a puerta.
Las bajas han golpeado duro al frente ofensivo. Sin Jonathan Burkardt, traspasado al Eintracht Frankfurt tras firmar 18 goles desde 14,8 xG el curso anterior, y con la inevitable regresión de Paul Nebel, que pasó de 10 goles con 5,8 xG a solo uno con 1,4 xG este año, la producción ofensiva se ha desplomado. Mainz es último de la Bundesliga en tiros por posesión (0,08) y, pese a jugar un fútbol bastante directo, solo un 14,5% de sus disparos llega con menos de dos defensores entre el balón y la portería, el segundo peor dato de la liga.
Lo más llamativo es que, pese a todo, su diferencial de xG es el undécimo de la competición. Es decir, juegan mejor de lo que su posición en la tabla sugiere. Comparten el farolillo rojo en puntos con Heidenheim, pero las proyecciones de Opta establecen apenas un 13% de posibilidades de descenso directo. La sensación es clara un año de buena suerte tapó muchas grietas, y ahora, sin red, esas grietas se han hecho visibles a plena vista para un proyecto que necesita reconstruir su capacidad de generar ocasiones.
Nottingham Forest y Fiorentina cuando los detalles fijos lo cambian todo
Nottingham Forest del arma secreta a la gran debilidad
Pocos equipos en Europa han cambiado tanto de piel en tan poco tiempo como Nottingham Forest. El curso pasado coquetearon con la Champions desde un modelo claro contraataque y balón parado bajo Nuno Espírito Santo. Este año, el péndulo táctico ha oscilado de un extremo a otro y de vuelta, pasando de Nuno a un entrenador de posesión y presión como Ange Postecoglou, y regresando a un perfil de contragolpe con Sean Dyche. Analizar sus datos a nivel global casi no tiene sentido estilístico, pero hay un patrón que trasciende sistemas las jugadas a balón parado.
En la temporada anterior, el balón parado fue un auténtico truco de magia. Forest marcó 17 goles en este tipo de acciones, líder de la Premier League, y firmó un diferencial de +8 en esta faceta, tercero de la liga. Ese repertorio en córners y faltas ofensivas era más que un recurso era la identidad de un equipo que sabía que cada saque de esquina podía ser oro. En 2025-26, esa arma se ha convertido en un boomerang devastador solo dos goles a favor y nueve en contra.
El balance de -7 en jugadas a balón parado, el peor de la Premier, es una sentencia casi matemática para un equipo sin margen de error. Incluso con Sean Dyche ya en el banquillo, los problemas persisten. En sus tres primeros partidos de liga con el técnico inglés, Forest ha sido uno de los siete equipos que no ha marcado ni un solo gol en este tipo de acciones, mientras ha encajado tres, incluidos los dos tantos que permitieron el 2-2 final ante el Manchester United.
La paradoja es que, con Dyche, las sensaciones generales han mejorado. Cuatro puntos y cinco goles en esos tres encuentros insinúan una reacción, una vuelta a la competitividad. Pero cuando tu posición liguera es tan frágil y sigues regalando tanto en la pizarra, cada córner defendido se vive como una ruleta rusa. Hoy, Forest es penúltimo, por detrás incluso de un West Ham que hasta hace poco parecía hundido antes de la llegada de Nuno. Para salvarse, necesitan que su antiguo punto fuerte deje de ser un lastre tan pesado y recobrar ese filo en acciones a balón parado que los llevó a rozar Europa.
Fiorentina del exceso de puntería al castigo del karma
Si hay un ejemplo perfecto de cómo la fortuna delante de la portería puede inflar expectativas, es Fiorentina. La temporada pasada acabó sexta en Serie A, su mejor clasificación en nueve años, pero lo hizo montada en una ola de eficacia difícilmente repetible. Marcó 60 goles desde tiros que, según el xG, valían apenas 49,7. Es decir, un 21% por encima de lo esperable. Llámese confianza, momentum o racha, aquella versión violaba casi a diario las leyes de la estadística.
La sobreproducción no se limitaba a los delanteros. Jugadores como el lateral Robin Gosens y los centrocampistas Yacine Adli y Rolando Mandragora se convirtieron en goleadores ocasionales de lujo sumaron 13 tantos entre los tres a partir de tiros que sumaban solo 5,5 xG. Este tipo de rendimiento suele tener fecha de caducidad, y en 2025-26 el péndulo ha girado hacia el extremo contrario, con Adli ya en Al Shabab y regresos a cifras normales para el resto.
Los números actuales son casi crueles con el equipo viola. Fiorentina genera 15,5 xG, quinto mejor registro de la Serie A, y es líder de la competición en xG por disparo. Es decir, está creando las mejores ocasiones del campeonato. Sin embargo, solo ha marcado nueve goles, 14º en la tabla goleadora, lo que supone un 42% de infraproducción. El caso más llamativo es el de su estrella ofensiva, Moise Kean, que atraviesa un bache monumental con dos goles desde 5,7 xG, incluyendo un fallo casi inexplicable un cabezazo a puerta vacía ante Torino valorado en 0,98 xG.
Ese cúmulo de fallos ha desembocado en un carrusel de marcadores cortos que golpean la moral dos empates 0-0, un 1-1, un 1-0 en contra y tres derrotas por 2-1. Resultados donde un detalle, un tiro al palo o una mala marca, define el relato de toda una semana. Para colmo, la faceta defensiva a balón parado, que el curso anterior había sido razonablemente sólida con siete goles encajados, se ha desplomado ya han igualado esa cifra de tantos recibidos en jugadas a balón parado en apenas un tercio del calendario.
Pese a estar hundida en la tabla, última con 0,45 puntos por partido frente a los 1,71 de la temporada anterior, Fiorentina no parece un candidato claro al descenso según las métricas avanzadas. Opta estima solo un 15% de opciones de caer a la Serie B. Lo que sí parece casi descartado es un regreso a puestos europeos a corto plazo. Cuando pierdes a la vez la puntería, el escudo del balón parado defensivo y el aura de equipo en racha, los muros del castillo se quedan desnudos ante cualquier vendaval.
Newcastle United el silencio inesperado de una delantera directa
Entre los grandes europeos con problemas, Newcastle United ofrece un caso especialmente interesante. El club, que aspiraba a consolidarse entre la élite inglesa, se encuentra 14º en la Premier, con 1,09 puntos por partido, muy lejos de los 1,74 del año pasado. Y a diferencia de otros proyectos donde el foco está en la zaga, aquí la alarma suena arriba el gol ha desaparecido.
El plan de juego de Newcastle, más directo que el de otros gigantes de la Premier, les funcionaba bien. No necesitaban tantas ocasiones como los equipos de posesión para marcar. La temporada anterior promediaban 2,4 tiros por partido con al menos 0,2 xG, solo por detrás de Liverpool, y únicamente el porcentaje de disparos con menos de dos defensores entre balón y portería del 26,9%, el más alto de la liga, ya dejaba claro el éxito de su idea atacar rápido y con espacios.
La salida turbulenta de Alexander Isak y la llegada de los ofensivos Nick Woltemade y Yoane Wissa parecía un paso lógico para oxigenar el frente de ataque. Pero las cosas no han cuajado como se esperaba. Woltemade ha dejado algún destello, con seis goles en todas las competiciones, más que el propio Isak este curso, pero su volumen de tiro es desconcertante para un nueve apenas 1,6 disparos por 90 minutos. Wissa, lesionado, ni siquiera ha podido debutar. El resultado es un ataque mucho menos amenazante de lo planeado, por mucho que Anthony Gordon y Harvey Barnes desde la izquierda aporten dignamente con ocho goles y tres asistencias entre ambos.
Los datos, de nuevo, son elocuentes. Newcastle es 17º en goles ligueros con solo 11 tantos, pero tampoco puede refugiarse en el discurso de la mala suerte es solo 12º en xG generado. Ha bajado a 1,5 disparos por partido con al menos 0,2 xG y solo un 20% de sus tiros se produce con menos de dos defensores entre el balón y la portería, apenas décimo en la liga. Han querido seguir siendo directos, pero están concediendo más contraataques de los que generan, un pecado mortal para un equipo que basa su identidad en el intercambio de golpes.
Las lesiones tampoco han ayudado. Solo cuatro futbolistas han disputado más del 71% de los minutos ligueros, mientras 21 jugadores han sido titulares al menos una vez. La sensación de once cambiante, de estructura inacabada, refuerza el clima de incertidumbre. Hoy, Newcastle está más cerca del abismo que de Europa a solo dos puntos de la zona de descenso y a seis de los puestos de top cinco. Sin un despertar ofensivo significativo, la remontada se antoja complicada.

