Deporte

Real Madrid y Xabi Alonso bajo presión por el caso Vinicius

En el Real Madrid siempre se juega a vida o muerte. Por eso, mientras el equipo lidera LaLiga y se mantiene firme en la Champions, el club vive un terremoto silencioso que tiene un epicentro muy claro: la relación entre Real Madrid y Xabi Alonso, con Vinicius Junior como figura central de la crisis.

Del héroe de Champions al hombre incómodo

Para entender el momento actual hay que volver a los años dorados recientes de Vinicius. El brasileño fue, entre 2022 y 2024, quizá el futbolista más decisivo del Madrid, el que desequilibraba partidos grandes y pequeñas batallas de Liga, el que decidió dos finales de Champions con acciones que ya forman parte del archivo emocional del madridismo.

Pero el escenario cambió con la llegada de Kylian Mbappé y, después, con la de Xabi Alonso al banquillo. De pronto, aquel estatus de estrella indiscutible se vio matizado. El brasileño sigue siendo importante, pero ya no es el eje sobre el que gravita todo el proyecto, una realidad que se ha hecho evidente tanto en los minutos de juego como en sus reacciones públicas, incluida su sonada explosión de rabia en el último Clásico, donde su frustración quedó expuesta ante millones de espectadores.

El ultimátum de Vinicius a Florentino Pérez

La tensión dejó de ser un simple rumor cuando The Athletic filtró un dato demoledor. Según esa información, Vinicius ha transmitido al presidente Florentino Pérez que no quiere renovar su contrato mientras Xabi Alonso siga al frente del banquillo. El brasileño siente que el técnico no está siendo justo con él, especialmente en lo que respecta al reparto de minutos.

No se trata solo de una incomodidad pasajera. El delantero, de 25 años, ha dado pasos visibles para marcar distancias. En su disculpa pública tras el Clásico, Vinicius evitó mencionar el nombre de su entrenador, un detalle que en un club como el Madrid pesa tanto como una declaración directa. La sensación es que el vínculo personal y profesional se ha erosionado a gran velocidad y que el punto de no retorno está peligrosamente cerca si no se reconstruye la confianza.

Un vestuario dividido y voces que piden un cambio

El conflicto no se limita a Vinicius. Desde Madrid, el periodista Jorge C. Picón describía en redes sociales lo que ya se percibe como un clima enrarecido en el vestuario. Según su información, hay «varios jugadores» –más de los que la gente piensa– que desean un cambio de entrenador. No son solo pequeñas discrepancias, sino un descontento que alcanza, al menos en parte, a futbolistas con peso en la plantilla.

Lo más preocupante para Alonso es que las dudas no se quedan en el vestuario. Picón añadía que también hay «voces importantes en los despachos» que empiezan a ver necesaria una ruptura. Un cóctel explosivo en un club que históricamente ha convivido con la inestabilidad, pero que rara vez tolera la sensación de desconexión entre el técnico y su plantilla.

Resultados discretos y rendimiento en cuestión

El contexto deportivo alimenta el debate. El Real Madrid acumula tres partidos sin ganar, una racha corta en términos absolutos, pero muy significativa en Chamartín por la forma en que se han desarrollado esos encuentros. La derrota en Anfield ante el Liverpool, seguida de un 0-0 gris contra el Rayo Vallecano en Vallecas y de un 2-2 agónico en Elche, han disparado las alarmas.

En ese 2-2 frente al Elche, los blancos se vieron por detrás en el marcador dos veces, encajando goles de dos canteranos del club, Aleix Febas y Álvaro Rodríguez. Solo un tanto tardío de Jude Bellingham, precedido de una falta clara de Vinicius sobre el portero Iñaki Peña, evitó una derrota que habría tenido un impacto sísmico aún mayor. En lugar de calma, el empate encendió a una prensa que ya habla abiertamente de un equipo que «ha olvidado cómo ganar», en palabras de algunos titulares de la prensa madrileña.

La acusación de desconexión entre técnico y jugadores

Más allá del marcador, el gran reproche que recibe Alonso es la supuesta falta de conexión con sus futbolistas. Varios analistas y comunicadores, algunos históricamente muy próximos al club, repiten un mismo diagnóstico: el entrenador no logra transmitir su idea, o al menos el equipo no la refleja en el campo con la intensidad y claridad necesarias.

Tomás Roncero, voz muy representativa del entorno merengue, deslizaba esa preocupación tras el empate en Elche. Dudaba de que Alonso esté logrando «conectar» con sus jugadores, señalando la apatía y la falta de espíritu mostradas durante muchos minutos. El mensaje era claro, si el técnico logra reconectar, la situación puede reconducirse, pero si el equipo repite actuaciones como las vistas en las últimas jornadas, el problema pasará a ser casi insostenible.

Lo que piensa Xabi Alonso de la crisis

Alonso, fiel a su carácter, ha intentado mantener el tono sereno en las ruedas de prensa. Antes del duelo de Champions en Atenas frente al Olympiakos, reconoció que hay cosas que no le han gustado en los últimos tres partidos, pero también recordó que, mirando un poco más atrás, el equipo ha ofrecido buenos tramos de juego. Para él, el problema no es de proyecto, sino de consistencia.

«Es un proceso, todo cambio requiere tiempo», explicó el técnico, consciente de que en el Real Madrid esa palabra –proceso– suena casi a lujo. Admitió que el equipo no ha sido regular, que eso explica los malos partidos recientes y subrayó que lo fundamental es no perder de vista los objetivos globales, ni dejarse arrastrar por el ruido exterior.

Gestión de egos en el Real Madrid

Alonso ha insistido en que gestionar las personalidades del vestuario es tan importante como la táctica o la preparación física. «En el Real Madrid es fundamental», reiteró. La frase no es casual. El técnico sabe que su labor se juega también en los matices, en el trato diario, en la capacidad para convencer a jugadores que llegan al vestuario con el ego reforzado por años de éxitos.

Él mismo recordó que piensa a menudo en cómo habrían manejado estas situaciones entrenadores como Carlo Ancelotti, José Mourinho o Manuel Pellegrini, con quienes trabajó como jugador. Esa mirada al pasado no es solo nostalgia, también es una forma de anclar su gestión actual en experiencias previas, apoyándose en la memoria de un vestuario de estrellas que él conoció desde dentro. «Sé lo que es un vestuario, hay que convivir con el ruido», resumió, dejando claro que su plan pasa por resistir y reconducir, más que por entrar en guerras públicas.

El silencio sobre las sospechas de sabotaje interno

En un contexto tan cargado, era inevitable que se le preguntara por la vieja teoría de que los jugadores pueden «hacerle la cama» a un entrenador, bajando el rendimiento deliberadamente para forzar su salida. Alonso, lejos de entrar al trapo, se negó a alimentar ese relato y defendió el respeto al trabajo de los futbolistas.

Recalcó que prefiere no hablar de ese tipo de sospechas y repitió que conoce bien los momentos por los que pasa un equipo durante la temporada. Su mensaje apuntó a la idea de que las rachas malas son parte del fútbol y de que deben ser asumidas con autocrítica pero sin caer en explicaciones conspirativas que solo agrandan la brecha entre plantilla y entrenador.

La posición del club y la comunicación con la directiva

Otro foco de atención ha sido el nivel de apoyo institucional que recibe el entrenador. En Madrid, las famosas «ratificaciones» públicas casi nunca traen buenas noticias a medio plazo. Sin embargo, Alonso aseguró que no necesita un mensaje formal de respaldo y que la comunicación diaria con Florentino Pérez y con José Ángel Sánchez, director general, se mantiene dentro de la normalidad.

«No es necesario un mensaje de apoyo», explicó en Pireo, recordando que habló con el presidente esa misma mañana y que suele hablar con Sánchez cada uno o dos días. La lectura es doble, por un lado, el técnico transmite la sensación de que el club no le ha dado la espalda, por otro, evita usar a la directiva como escudo, asumiendo que su trabajo se evaluará por lo que ocurra en el césped y no en los micrófonos.

La otra cara del vestuario voces de apoyo

Aunque se hable mucho de distancias y desencuentros, también existe una corriente interna que respalda al entrenador. El defensa Álvaro Carreras destacó públicamente que el ambiente es «muy bueno», que hay «un grupo increíble» y que la relación con el entrenador es positiva.

Estas palabras no borran los problemas, pero sí matizan la narrativa de un vestuario completamente roto. En un club tan expuesto, resulta habitual que convivan futbolistas críticos con otros que se sienten cómodos con la idea de juego o con el rol que les ofrece el técnico. La pregunta, en este punto, es cuál de las dos corrientes pesará más si los resultados no mejoran de inmediato y si la figura de Vinicius continúa tensionando el debate interno.

El contrato de Vinicius un pulso deportivo y económico

La situación contractual del brasileño añade pólvora al fuego. Según The Athletic, el Real Madrid ofreció a Vinicius una renovación por 20 millones de euros anuales, una subida ligera respecto a los 18 millones que cobra actualmente. La respuesta del jugador fue clara, pide 30 millones al año, una cifra que, según su entorno, le situaría en la órbita de lo que percibe Mbappé, incluyendo primas de fichaje.

El problema para el club es doble. Por un lado, las negociaciones ya estaban estancadas antes de que explotara la tensión con Alonso. Por otro, el contrato de Vinicius entra en una zona peligrosa, ya que el próximo verano solo le quedará un año de vínculo. Eso coloca al Madrid ante un dilema clásico, o renueva a su estrella en condiciones que satisfagan a ambas partes, o se arriesga a perder valor en el mercado si el conflicto personal y deportivo se alarga.

Mbappé, jerarquías y el cambio de rol

La llegada de Mbappé ha reordenado el ecosistema ofensivo del Real Madrid. El francés ha asumido muchos focos mediáticos y responsabilidad en el campo, algo que inevitablemente ha restado centralidad a Vinicius. Este desplazamiento en la jerarquía no es sencillo de digerir para un jugador que venía de ser la referencia ofensiva en los grandes escenarios.

Alonso se ha visto obligado a gestionar ese equilibrio complejo entre dos gigantes del ataque. Las quejas de Mbappé captadas por las cámaras –«tenemos que presionar más arriba»– y el gesto de Vinicius tras el Clásico forman parte de ese retrato de un vestuario en el que las estrellas no solo quieren ganar, también desean hacerlo a través de una idea de juego que sientan propia. La labor del técnico es armonizar esas voces, algo que hoy no parece plenamente conseguido.

La visión de la prensa el ruido que llega desde fuera

En un club tan mediático, la opinión de los grandes altavoces importa. Graham Hunter describía la situación como la de unos «lobos» que ya gruñen a la puerta del técnico, en un escenario en el que el equipo, pese a estar líder, es cuestionado casi a diario por su juego. Titulares como «Madrid ha olvidado cómo ganar» o «Esta actuación daña a Alonso» resumen el tono dominante.

Hunter subraya además un detalle clave, el hecho de que el relato sobre una supuesta desconexión entre el entrenador y sus jugadores sea tan homogéneo en distintos medios sugiere que la información no surge de la nada. En un ecosistema donde agentes, directivos, futbolistas y entorno influyen, la crítica insistente suele ser síntoma de que alguien, desde dentro, permite o impulsa ese discurso. Ese es otro partido que Alonso parece estar jugando en desventaja, sin un «lobby» mediático propio que amortigüe los golpes.

El recuerdo de Leverkusen y el peso de las expectativas

El pasado inmediato de Alonso también juega un papel en la forma en que se analiza su presente. Su paso por el Bayer Leverkusen, con una racha impresionante de partidos sin perder y un doblete histórico, disparó las expectativas sobre lo que podía lograr en el Real Madrid desde el primer día. Esa comparación permanente convierte cualquier tropiezo en una especie de decepción amplificada.

Quienes han trabajado con él destacan su flexibilidad táctica, su capacidad para adaptarse y manejar distintos planes de juego. Un documental por estrenar incluirá testimonios de excompañeros suyos en la selección española que subrayan precisamente esa virtud. Sin embargo, en Madrid, la percepción dominante ahora mismo es que esa riqueza táctica no se está traduciendo en un rendimiento convincente, especialmente en estos últimos tres encuentros donde la imagen ha quedado muy lejos de lo esperado.

El riesgo de ceder ante la presión de las estrellas

Uno de los puntos más delicados para el club es decidir hasta qué punto se debe ceder ante las demandas o malestares de sus grandes figuras. Respaldar abiertamente a Vinicius frente a Alonso podría resolver a corto plazo el conflicto con el brasileño, pero a la vez enviaría un mensaje peligroso, el de que un jugador puede condicionar la continuidad de un entrenador en función de su situación personal.

Respaldar con firmeza al técnico, por el contrario, implicaría asumir el riesgo de perder a un futbolista que, en su plenitud, es uno de los atacantes más desequilibrantes del mundo. El dilema está servido, mantener la autoridad del banquillo o proteger el talento diferencial de una estrella que se siente agraviada. En el Madrid de Florentino Pérez, esta clase de decisiones rara vez se toman en caliente, pero tampoco se posponen indefinidamente cuando el reloj del contrato corre en contra.

La perspectiva de Xabi Alonso sobre su propio camino

En este contexto cargado, Alonso insiste en que está «disfrutando del paquete completo» que supone entrenar al Real Madrid. Reconoce que es un trabajo exigente, con momentos buenos y otros de máxima tensión, pero asegura que forma parte de lo que esperaba. Recuerda que no es el primero en vivir estos escenarios en el banquillo del Bernabéu y se apoya en sus experiencias pasadas con técnicos que sobrevivieron (y cayaron) en circunstancias similares.

Su discurso apunta a una mezcla de autocrítica y confianza, admite que hay cosas que no están funcionando, pero rechaza la idea de que el proyecto esté roto. La cuestión es si ese mensaje llega con suficiente fuerza al vestuario, a la directiva y a un entorno mediático que huele la sangre a la mínima racha negativa. El margen de error, lo sabe, es mínimo, incluso liderando la clasificación.

Olympiakos y lo que viene partidos que valen más que tres puntos

El duelo europeo frente a Olympiakos, en Atenas, se presenta como algo más que una simple jornada de la fase de grupos de la Champions. El Madrid llega con nueve puntos en cuatro partidos, en una posición confortable, pero el clima deportivo y emocional exige una reacción inmediata.

En un calendario que también incluye una visita a Montilivi para medirse con un Girona siempre incómodo, la sensación es que estos encuentros tienen un peso específico mayor del que indican los números. Un par de malos resultados más podrían convertir la actual tormenta mediática en un huracán interno. En cambio, una racha de victorias, aunque sean sufridas, sería el mejor antídoto para todos los fantasmas que hoy rondan Valdebebas.

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