Real Madrid y Carlo Ancelotti desafíos y tensiones 2025
En el centro de la tormenta mediática sobre el futuro del banquillo blanco aparece una idea que lo resume todo Real Madrid y Carlo Ancelotti enfrentan desafíos tan futbolísticos como emocionales, en una temporada marcada por resultados exigentes, vestuario incómodo y la sensación de que un ciclo se acerca a su final.
Un entrenador con fecha de caducidad y un vestuario inquieto
En el entorno del club es un secreto a voces que Carlo Ancelotti, salvo giro inesperado, abandonará el Santiago Bernabéu al final de la temporada para hacerse cargo de la selección de Brasil, con la Copa América 2024 como gran objetivo. Esa certeza de que esta es su última campaña al frente del Real Madrid no es un detalle menor en el día a día del vestuario.
El italiano ha sido siempre un maestro en manejar grupos plagados de estrellas, en apagar incendios antes de que prendan y en mantener implicados incluso a los veteranos que pierden protagonismo. Pero esta vez el escenario es distinto. Los jugadores saben que el próximo curso el que mande en la caseta será otro y, como desvela la información publicada, su autoridad se resiente y las quejas se multiplican.
Rodrygo, Tchouameni y Camavinga el mapa del malestar táctico
Las tensiones no se explican solo por los minutos jugados, sino también por las posiciones sobre el campo. Rodrygo, uno de los talentos llamados a liderar el futuro, lo dijo sin rodeos durante una concentración con Brasil, dejando claro que no se siente cómodo actuando como delantero centro.
“Siempre he dejado claro que tengo capacidad para jugar en banda, no me gusta jugar de ‘9’, pero en mi club tengo que hacerlo”, admitió. Sus palabras retratan una realidad incómoda. Su rendimiento, tal y como se apunta, ha caído respecto a temporadas anteriores, y el debate sobre su rol se ha instalado tanto en el vestuario como en la grada.
Algo parecido sucede con Tchouameni. El francés, fichado como mediocentro de presente y futuro, se ha visto obligado a bajar al eje de la defensa por las urgencias del equipo. Tras jugar de central ante Osasuna, fue sincero al reconocer que espera regresar cuanto antes al centro del campo, la zona donde realmente siente que puede marcar diferencias.
Camavinga también ha levantado la voz, siempre desde la educación, respecto a su uso como lateral izquierdo. “No me gusta especialmente esa posición, creo que todo el mundo lo sabe”, ha llegado a comentar, incluso directamente a Ancelotti. Al mismo tiempo, el francés asume su responsabilidad y subraya que lo importante es darlo todo por el equipo, aunque el mensaje deja claro el fondo del problema.
Modric, Kroos y el peso de los galones en el banquillo
La otra gran vertiente del malestar tiene nombre propio en el medio campo. Luka Modric vive una situación inédita desde que llegó a Madrid. A sus espaldas lleva años sosteniendo al equipo en grandes noches, y hoy asume que su rol ha cambiado, que su tiempo se agota y que ya no disfruta del protagonismo que siempre tuvo.
“Esta es una situación nueva para mí, no juego tanto como antes ni como me gustaría”, confesó el croata. “Siempre quiero jugar, no quiero vacaciones”. Más allá de la declaración, hay un poso de orgullo herido en un futbolista que ha sido bandera del club. No falta quien incluso apunta a la posibilidad de que pudiera salir en enero.
Toni Kroos, otro de los tótems del centro del campo, tampoco se mostró satisfecho en un principio con su nuevo papel. Con el paso de las semanas ha ido ganando relevancia otra vez, pero su caso ilustra esa línea fina que Ancelotti debe recorrer entre renovar el equipo y respetar a quienes lo han ganado todo vestido de blanco, un equilibrio donde cada decisión pesa como si fuera definitiva y donde la jerarquía histórica choca con la necesidad de cambio.
Sevilla Real Madrid un partido que desnuda tensiones
El empate a uno en el Sánchez Pizjuán ante Sevilla se convirtió en algo más que dos puntos perdidos en Liga. Ese duelo concentró, en 90 minutos, muchas de las tensiones que viven el Real Madrid y Carlo Ancelotti esta temporada, desde las decisiones arbitrales hasta la gestión emocional del grupo, pasando por el vínculo sentimental con viejas leyendas como Sergio Ramos que fue protagonista absoluto frente a su exequipo.
El partido fue de alto voltaje, con ocasiones claras en ambas áreas y un Sergio Ramos imperial en la defensa andaluza. Sevilla se adelantó gracias a un gol en propia puerta de David Alaba, un golpe que encendió los nervios pero que Real Madrid supo neutralizar con el empate de Dani Carvajal poco después. Aun así, el 1-1 final dejó un poso de frustración en los visitantes.
Polémica arbitral y la ironía de Ancelotti como escudo
Más allá del juego, el encuentro en Sevilla dejó una de las imágenes icónicas de la temporada. Real Madrid se marchó enfadado por dos goles anulados, uno a Fede Valverde y otro a Jude Bellingham, decisiones que elevaron la temperatura de la noche y pusieron al límite la paciencia del técnico. Ante los micrófonos, la respuesta de Ancelotti fue pura ironía y, a la vez, un mensaje muy medido con el que buscó protegerse de una sanción y lanzar una crítica velada.
“La ironía es la única forma después de este partido porque creo que si digo lo que pienso del arbitraje me caerán muchos partidos”, afirmó el italiano. Oficialmente, elogió al colegiado Ricardo de Burgos Bengoetxea, llegando a decir que había hecho “un buen partido”, que “acertó en todo” e incluso que había parado un contraataque para proteger la salud de un jugador.
Pero cuando habló para Real Madrid TV dejó claro que todo era un ejercicio de sarcasmo calculado. “La ironía es la única manera. Porque si digo lo que pienso, me caen muchos partidos. Así que para evitar sanciones, utilizo la ironía”, explicó. Con esa frase, Ancelotti resumió la tensión que se respira en torno al arbitraje y, al mismo tiempo, dejó ver que su prioridad es seguir sentado en el banquillo del Real Madrid hasta el último día.
Vinícius, Bellingham, Kepa y la lectura futbolística del empate
Más allá de la polémica con el árbitro, el técnico ofreció una lectura deportiva del partido que ayuda a entender en qué punto está el equipo. “Empezamos bien pero no aprovechamos las ocasiones y Sevilla subió la intensidad”, reconoció. Fue, dijo Ancelotti, “un partido muy competitivo, con muchos duelos”, en el que la falta de acierto arriba y algunos desajustes en la segunda parte pasaron factura y acentuaron la sensación de oportunidad perdida.
Sobre Vinícius Junior, el italiano subrayó su impacto en la primera mitad. “En el primer tiempo aportó mucho al equipo. Creó muchas ocasiones, estuvimos muy cerca del gol”, señaló. En la reanudación, sin embargo, todo se complicó, el equipo perdió energía y control, y el brasileño dejó de ser tan determinante.
Jude Bellingham y Kepa también recibieron la aprobación pública del entrenador. “Hicieron su partido”, apuntó el técnico, añadiendo que estaba “bastante satisfecho” con el rendimiento general. Era un mensaje claro un punto fuera de casa tras un parón de selecciones y ante un rival herido como Sevilla puede ser peligroso, y Ancelotti insistió en que tras estas fechas FIFA siempre aparecen encuentros “trampa”, de esos en los que, si no estás al máximo, cualquier despiste se paga caro.
Rodrygo, del desencanto al elogio del entrenador
La figura de Rodrygo concentra muchas de las contradicciones de este Real Madrid. Por un lado, el brasileño ha dejado claro en público que no le gusta jugar como nueve. Por otro, su entrenador no ha dudado en elogiar su partido en el Sánchez Pizjuán, pese a que volvió a quedarse sin marcar y a que las miradas se posan sobre sus cifras.
“Para mí hoy Rodrygo fue uno de los mejores, si no el mejor”, afirmó Ancelotti. Destacó que tuvo varias ocasiones claras, más remates que nadie y que lo intentó todo. El italiano relativizó la falta de gol al asegurar que “no pasa nada” si no marca, siempre y cuando siga rindiendo a ese nivel y mantenga la confianza, un mensaje con doble intención en un momento donde la paciencia del delantero consigo mismo parece al límite.
El cariño eterno a Sergio Ramos y una deuda personal
El reencuentro con Sergio Ramos en Sevilla tuvo un evidente componente emocional. En la víspera del partido, Ancelotti habló de él con un respeto y una gratitud difíciles de disimular. Más allá de la rivalidad del día, el italiano quiso recordar en público lo que el central ha significado no solo para el club, sino para su propia carrera, construyendo un puente sentimental que explica por qué la figura del camero sigue pesando tanto en la historia reciente blanca.
“Me encantaría verlo y saludarlo”, reconoció. “Tengo cariño por todos los jugadores que he tenido, pero por él tengo un cariño especial”. Luego fue más allá y dejó una confesión que resume la magnitud del vínculo. “Si hoy estoy aquí es por Sergio Ramos. Si no hubiera marcado el gol en la final de la Champions, probablemente no estaría aquí”.
Con esas palabras, Ancelotti recordó aquella noche que cambió su trayectoria en el club y reivindicó, una vez más, todo lo que Ramos dio al Real Madrid. “Por eso, y por todo lo que hizo por este club, todo el mundo le tiene mucho cariño”, añadió. Sobre el partido, no dudó en asegurar que el central iba a jugar bien “seguro” y bromeó con la posibilidad de que marcara, diciendo que si lo hacía, podía celebrar “como quisiera”, una frase que muestra cómo en el fútbol la gratitud también tiene lugar incluso en medio de la máxima competencia.
Un Real Madrid en equilibrio inestable
La fotografía global que dejan estas semanas es la de un Real Madrid que camina sobre una fina cuerda. Por un lado, los resultados competitivos sostienen el proyecto y evitan que las quejas se conviertan en crisis abierta. Por otro, la acumulación de descontentos individuales, las dudas sobre posiciones y minutos, y la sombra del próximo seleccionador de Brasil planeando sobre el banquillo alimentan la sensación de que cualquier tropiezo serio puede funcionar como detonante.
El mérito de Ancelotti está en seguir transmitiendo calma, incluso cuando recurre a la ironía para hablar de los árbitros o cuando debe justificar decisiones impopulares en la caseta. Él mismo insiste en que todas sus elecciones responden a lo que considera mejor para el equipo, por encima de nombres propios, algo que nunca es fácil cuando se convive con egos ganadores y currículos llenos de títulos.
Mientras tanto, veteranos como Modric y Kroos afrontan su probable último baile en el Bernabéu, jóvenes como Rodrygo, Tchouameni y Camavinga pelean por afianzarse en sus posiciones naturales, y figuras emergentes como Bellingham asumen responsabilidades de estrella en una estructura en transición. Es la radiografía de un gigante que no deja de competir, pero que sabe que está reescribiendo su propia identidad y que lo hace bajo la mirada de un entrenador que se despide sin poder decirlo en voz alta.
Mirando hacia adelante entre dudas y ambición
En este contexto, cada partido adquiere un valor añadido. No se trata solo de sumar puntos o de avanzar en las competiciones, sino de gestionar emociones, redistribuir jerarquías y mantener vivo el hambre de un grupo que lo ha ganado casi todo. El ruido alrededor del futuro de Ancelotti, los guiños constantes a su posible desembarco en Brasil y las inevitables especulaciones sobre su sucesor forman ya parte del ruido de fondo.
Pero, como ha dejado claro el propio técnico cuando habla de lo que más disfruta, lo que verdaderamente le importa hoy es seguir sentado en el banquillo blanco, competir hasta el final y despedirse, si el guion lo permite, con nuevos títulos en la mochila. En esa mezcla de presente competitivo, futuro incierto y pasado glorioso encarnado en nombres como Sergio Ramos se juega la narrativa de un club que nunca transita en silencio, y donde cada gesto, cada frase irónica y cada queja de un jugador se convierten en materia prima para entender por qué el Real Madrid y Carlo Ancelotti viven una temporada tan exigente como apasionante.

